El Acuerdo de París, un paso decisivo pero todavía insuficiente hacia la mitigación del cambio climático

El Acuerdo de París, un paso decisivo pero todavía insuficiente hacia la mitigación del cambio climático

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Aunque la Tierra ha experimentado ya fases de calentamiento global, la actual es diferente por su origen principalmente humano y por su velocidad sin precedentes. Si se prolongase la trayectoria actual de las emisiones antropogénicas de gases con efecto invernadero, causa principal del cambio climático, para el año 2100 la humanidad habitaría, según las previsiones, un planeta con unos 5º más de temperatura que en la era preindustrial.

La creciente insistencia de científicos y ONG respecto a la gravedad del cambio climático actual, las transformaciones radicales que son necesarias por este motivo y la urgencia de una respuesta ecológica, han conducido a la creación de una serie de acuerdos que ha ido enriqueciéndose tras dos décadas de cooperación internacional.

De Río a París: la creciente concienciación de la comunidad internacional

La 3ª Cumbre de la Tierra, celebrada en Río en 1992, constituyó un paso decisivo en la senda hacia la cooperación intergubernamental en materia de medio ambiente. En esta cumbre se adoptó el Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el cambio climático. Entró en vigor el 21 de marzo de 1994 y representa la base legal para la acción multilateral de los estados que lo ratificaron. Estos estados son conocidos como Partes del convenio y son 197 en total, lo que significa que su adhesión es casi universal.

Las Partes se reúnen anualmente en el órgano decisorio del Convenio, la Conferencia de las Partes (COP), y adoptan decisiones sobre política medioambiental que deben cumplir en aplicación del Convenio. El Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París se firmaron en este marco, en 1997 y 2015 respectivamente.

Este último acuerdo, en vigor desde el 4 de noviembre de 2016, es histórico, al proponer como ambicioso objetivo limitar la subida global de las temperaturas a 2º C por encima de los niveles preindustriales, y realizar los esfuerzos necesarios para reducir esta subida a 1,5ºC, y constituye el primer compromiso de la comunidad internacional para mantener el calentamiento global por debajo de un umbral cuantificado. Se trata por tanto de un instrumento de atenuación mediante la reducción de las emisiones globales de gases con efecto invernadero.

El Acuerdo de París: un compromiso internacional basado en el esfuerzo nacional

La reducción de las emisiones de gases con efecto invernadero debe llevarse a cambio mediante “contribuciones determinadas a nivel nacional” que las Partes prevén lograr y que se comprometen a comunicar cada cinco años. El Acuerdo incluye un mecanismo de revisión al alza, que requiere que estas contribuciones nacionales sucesivas “representen un avance” respecto a las anteriores y “reflejen la mayor ambición posible”.

El Acuerdo de París es también diferencial: tiene en cuenta las “responsabilidades comunes pero diferenciadas y las capacidades respectivas de las Partes, en función de las diferentes circunstancias nacionales”. Además estipula que “los países desarrollados deberían continuar asumiendo el liderazgo asumiendo objetivos de reducción de las emisiones en cifras absolutas a escala de sus economías”, mientras que los países en desarrollo, para los que la limitación global de las emisiones de gases con efecto invernadero “llevará más tiempo”, se comprometen en una primera fase a “continuar mejorando sus esfuerzos de mitigación” hasta que sean capaces de establecer objetivos de reducción absolutos.

Se realizará también un “balance global” periódico de la aplicación del Acuerdo para “evaluar los progresos colectivos”. El primero tendrá lugar en la COP 2023, y se repetirá después cada cinco años.

El Acuerdo de París: ¿necesario pero todavía insuficiente?

Aunque el Acuerdo de París fue recibido como un acontecimiento histórico y muy alentador, también fue muy criticado. La principal crítica guarda relación con la naturaleza jurídicamente no vinculante de los compromisos de los estados, lo cual significa que no serán sometidos a sanciones en caso de incumplimiento. La comunidad internacional tendría que haber alcanzado un acuerdo más incentivador, lo cual quizás le habría conferido disposiciones coercitivas, teniendo en cuenta la urgencia del reto climático. El mecanismo previsto para las contribuciones nacionales, no obstante, se basa en la transparencia, exponiendo a los estados que no cumplan sus compromisos públicamente anunciados a una condena pública.

Estas contribuciones nacionales, aunque se supone que reflejan “la mayor ambición posible”, se dejan sin embargo a discreción de los estados. Ya en 2015, la Conferencia de las Partes que adoptaron el Acuerdo de París, señaló en su declaración final que “los niveles estimados de las emisiones globales de gases con efecto invernadero en 2025 y 2030 que resultan de las contribuciones previstas a nivel nacional no son compatibles con escenarios al menor coste que prevén una subida de las temperaturas de 2º C, sino que seguramente conducirán a niveles previsibles de 55 gigatones en 2030”. Indica también que “se requerirán mayores esfuerzos de reducción de las emisiones que los asociados a las contribuciones previstas, determinadas a nivel nacional, para contener el aumento de las temperaturas medias globales por debajo de los 2º C respecto a los niveles preindustriales, reduciendo las emisiones hasta los 40 gigatones”.

Por otra parte, el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5º C por encima de los niveles preindustriales parece ya imposible de conseguir, teniendo en cuenta el aumento de las temperaturas que se observa actualmente. Su inclusión en el Acuerdo respondía a la demanda de los países más vulnerables, peligrosamente expuestos a la subida del nivel de los océanos.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), no obstante, ha destacado el peligro de incumplir el objetivo de los 2º C, añadiendo que algunas consecuencias nefastas para la población y los ecosistemas podrían evitarse limitando el calentamiento global a 1,5°C1.

El Acuerdo de París prevé además que los países desarrollados ofrezcan a los países en desarrollo recursos financieros para ayudarles en sus acciones en materia climática. Aunque las Partes acordaron una cifra no inferior a los 100 mil millones de dólares al año, esta cantidad no se incluyó en el propio Acuerdo, sino en la declaración final del COP 21, lo cual atenúa su alcance jurídico.

Por último, aunque no menos importante, la decisión adoptada por Estados Unidos en 2017 de retirar su firma del Acuerdo también priva al Acuerdo de la contribución del principal país contaminante del planeta (en términos de cantidad de CO2 emitido por habitante), y hace peligrar gravemente el cumplimiento de su objetivo.

El Acuerdo de París continúa siendo hasta hoy la expresión más firme del compromiso global de limitar el calentamiento del planeta, y por ello marcará la historia de la cooperación medioambiental internacional. Pero no debe constituir su fin. Puesto que existen dudas de todas las partes respecto a la probabilidad de cumplimiento del objetivo de los 2º C, las acciones internacionales multilaterales continúan estando en el orden del día. El Acuerdo de París es únicamente una gran herramienta, y ahora depende de la voluntad de los diferentes países hacer uso de ella.

— Pauline Marteau, Marketing, CPR AM

Notas —
1. Informe especial del IPCC sobre el impacto del calentamiento global de 1,5 °C, octubre de 2018